UN FINDE EN ÁMSTERDAM

Tres gamberros en la ciudad de la Heineken. De la Amstel (allí está más rica), que lleva el nombre del río que atraviesa la capital holandesa. Con más canales que la TDT, decidimos perdernos. ¿Nos acompañas, valiente?

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Las ganas y el cosquilleo de tu primera vez. Fue bajarnos del avión y tirar como locos del Aeropuerto de Schiphol a la Estación Central (5 pavos el billete de tren). Cuando estás en el extranjero (no sé si será porque hablamos medio a gritos), siempre te encuentras con el mítico compatriota al que le dices eso de: “eres español, ¿no?”. Bien, pues eso es lo que nos dijo un chaval en el vagón. Venía a pasar unos días de fiesta non stop: “Esta es la cuna de la electrónica. Disfrutas y se te van todos los problemas. No hay nada que me haga más feliz que vivir la magia de un festival”. El jodío, que curraba en Madrid, le dijo a la novia que iba a Ámsterdam para estar con ella. Y todavía se lo creerá la pobre.

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Llegamos a la Estación Central y un tortazo de frío nos dejó la cara roja. Menos cinco grados bien ricos. Lo primero que había que hacer era coger el bus que nos acercara al apartamento y fue aquí donde nos llevamos el segundo bofetón: ¡8 euros el viaje sencillo en un trayecto de diez minutos! Menos mal que al llegar, la anfitriona del Airbnb nos dejó unas tarjetas de transporte para no morir desangrados en la aventura.

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El barrio donde nos hospedamos, Landsmeer, no decepcionó. Casas bajas con encanto, laberínticos y diminutos canales que se congelaban, tranquilidad (forzada por las condiciones térmicas), una gasolinera a tiro de piedra que nos suministraba los víveres anti dolor de cabeza…

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Suena la alarma. “Arriba, tenemos una ciudad que descubrir”. Landsmeer-Estación Central. Bajamos del bus (ya con las tarjetas salvavidas) y alucinamos viendo ese parking de bicis.

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En Ámsterdam hay unos 700.000 ciclistas, más de 7 millones de bicicletas y 750.000 habitantes. ¿Cómo te quedas?

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Nos ponemos a patear la ciudad y decidimos perdernos por los canales hasta encontrarnos con la casa donde se ocultó Ana Frank durante la persecución nazi, ahora convertido en museo, espacio para resaltar todas las formas de discriminación.

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Es media mañana y la curiosidad de conocer los famosos coffee shops iba en aumento. Teníamos que ver con cómo se gestionaba la venta de marihuana en estos locales. Efectivamente, todo un lugar de encuentro entre jóvenes. Puedes fumar dentro o fuera, en unas terrazas habilitadas para ello. En estas fechas, si optas por la segunda opción, el peta se congela.

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Llama la atención la gran cantidad de tiendas que hay por la zona de los coffees donde se venden setas, chupa-chups con la hojita verde y mucho material para el fumador (miles de mecheros, papeles, filtros…). Los restaurantes de comida rápida también se hacen ver por allí y calman el hambre de las fieras.

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Oscurece pronto, un par de birras y vamos tirando hacia el apartamento, que no podemos liarnos. Mañana tenemos que estar frescos.

_DSC0097.jpg¡Sigues leyendo el post, aventurer@! Tú sí que sabes.

Ya en pie. Hoy es día grande: museos y barrio rojo. ¡Se agradece la tranquilidad de la zona que antes comentaba para afrontar el día a tope de power!

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Bajamos hacia la zona de los museos y no dejamos de asombrarnos con cada rincón de la ciudad. Detalles que la convierten en una de las más bonitas de Europa.

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La foto postureo. ¡Llegamos! Rijksmuseum, Van Gogh, Moco Museum y Heineken (también buen moco).

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A comer. A la tarde/noche: ¡barrio rojo!

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Llegando al barrio rojo. Poco a poco, el sol se iba escondiendo.

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Las luces de los escaparates se reflejan en el agua de los muelles, por eso se le llama coloquialmente a la zona: “De Wallen”. Reina la normalidad y el profundo respeto entre los vecinos y las prostitutas. Sorprende ver a familias enteras circulando frente a las chicas. Era la última noche, pero al día siguiente, antes de ir al aeropuerto, teníamos una última visita: ¡el Ámsterdam Arena!

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Para acabar como campeones, había que visitar la vitrina con los títulos del Ajax. Esta ciudad es, sin duda, una de las joyas del continente. Si te ha gustado este viaje y quieres más, suscríbete a mis canales, que están casi tan guapos como los de esta maravillosa gema de quilates. XXX.

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CERDEÑA, LA ISLA ORGULLOSA

Si tienes la suerte de vivir en un lugar donde las calas de agua turquesa y la fauna marina componen paisajes paradisíacos, gozas de una gastronomía variada y deliciosa en mar o montaña y te hipnotizas frente a una ardiente puesta de sol, es lógico que presumas de un lugar así. En Cerdeña (Sardegna en italiano), la segunda isla más grande del Mediterráneo y octava de Europa, se sienten profundamente orgullosos de ella y no únicamente por sus postales de ensueño.

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Atardecer en Porto Cervo

Para tratar de entender este sentimiento incondicional que tienen por su isla es preciso comentar brevemente la historia sarda: ha sido utilizada y cambiada en varias ocasiones de manos por su interés estratégico (centro del Mediterráneo occidental) y variedad de recursos. Tras invasiones fenicias y dominación romana fue atacada por los moros para pasar a formar parte de Génova, Pisa, la Corona de Aragón (gracias a Bonifacio VIII) y, finalmente, Piamonte hasta la unificación italiana en 1861. Cerdeña ha creado un fuerte sentimiento propio. Valorando su sello de identidad tras el paso de diferentes pueblos y culturas por su territorio, la isla ha aprendido a quererse y su bandera ondea en cada rincón con orgullo.

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Bandera sarda en un balcón de Playa Pevero

 La teoría más cercana al mito dice que la isla se llamaba Ichnusa (es el nombre de la deliciosa birra que allí se idolatra) que en griego significa ‘huella de pie’. La creencia más probable dice que Sardus, presunto hijo de Hércules, estableció una colonia en el sur de Cerdeña. Sardus fue venerado hasta tal punto que se levantaron estatuas en su honor en todo el territorio, que adquirió su nombre.

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Chapa de Birra Ichnusa

Tiene una población de algo más de 1.600.000 habitantes (marzo de 2016). Con una densidad de 68,65 hab./km², ligeramente más de un tercio de la media nacional, Cerdeña es la cuarta región menos poblada de Italia. La capital de la región es la ciudad de Cagliari, situada al sur de la isla, con aproximadamente 155.000 censados. Otras poblaciones que superan los 50.000 habitantes son: Sassari, que está al noroeste de la isla; Quartu Sant’Elena, que forma parte del área metropolitana de Cagliari; y Olbia, que se ubica al noreste de Cerdeña. La esperanza de vida media es de 81 años (85 para las mujeres y 78 para los hombres). Como dato curioso, el territorio sardo comparte con la isla japonesa de Okinawa la mayor tasa de centenarios en el mundo (22 centenarios/100.000 habitantes).

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Castelsardo, provincia de Sassari

En cuanto a la economía, el sector primario tiene una repercusión importantísima, sobretodo, en la producción de queso. La isla tiene numerosas y extraordinarias zonas turísticas que produce un gran impacto económico, incluyendo la Costa Norte y Gennargentu, zona montañosa donde está el pico más elevado, Punta La Marmota (1834 msnm). Cerdeña, eso sí, es particularmente famosa por sus playas.

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Playa del Gran Pevero

Es precisamente aquí donde entran en nuestros ojos las postales de una isla privilegiada por su belleza natural. Una vez hayas aterrizado en uno de los cuatro aeropuertos sardos (Cagliari, Olbia, Arbatax o Alghero) es recomendable (fundamental si me apuras) alquilar un coche. Debes de acercarte a alguna de las innumerables calas de aguas cristalinas y de color turquesa no solo por las fotos que llenarán de color tu álbum, sino por la magia de sus atardeceres, posibilidad de hacer submarinismo de gran calidad o comer un risotto frente al mar, brindando con una Ichnusa.

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Birra Ichnusa, en la localidad de Marina San Gemiliano

Como acabo de comentar, la Costa Norte es uno de los lugares turísticos de mayor importancia de la isla. Está formada por la Costa Paradiso y la Costa Esmeralda. En esta última, la zona es un destino turístico de lujo con playas de ensueño (Playa Pevero, Playa Capriccioli), club de golf, acceso privado de jets en Olbia, y servicio de helicóptero para visitantes VIPs de Estados Unidos, Europa, Rusia y la península arábiga. Las principales ciudades y pueblos de la zona son Arzachena, Olbia, Porto Cervo, Liscia di Vacca, Capriccioli y Romazzino.

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Porto Rotondo, Costa Esmeralda

La Costa Paradiso es la que le sigue a la Costa Esmeralda en dirección oeste. Sus playas se caracterizan por ser más tranquilas (La Marinedda, Li Cossi, La Pelosa). Poseen un entorno natural sumamente interesante y colorido y son adecuadas para practicar snorkel.

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Atardecer en Isola Rosa, Costa Paradiso

La Costa Este de Cerdeña tiene los sitios menos contaminados y modificados por el paso del ser humano. Si eres un amante de las playas vírgenes y alejadas, en esta zona se encontrarán tus rincones favoritos. En la Costa Este se localiza el famoso Golfo de Orosei. Desde Cala Gonone puedes alquilar una lancha y recorrerte las calas más espectaculares de las islas: Cala Luna, Mariolu, Goloritze, Gabbiani.

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Cala Gabbiani, Orosei, Costa Este

Viajando hacia el sur desde la costa Norte por el oeste se encuentra la famosa Costa Verde. Un tramo de camino que se halla entre Portixeddu y Torre dei Corsari y que se caracteriza, como su nombre lo indica, por hallarse rodeado de vegetación. Es una zona con preciosas y paradisíacas playas que no deberías perderte. Si sigues tu viaje hacia la Costa Sur de Cerdeña podrás llegar a la capital de la isla, Cagliari, que también posee interesantes calas que gozan de encanto y particularidad, como es el caso de Tuerredda.

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Paisaje típico de la costa sarda

Los idiomas más hablados en Cerdeña son el italiano y el sardo. Este último (sardu en lengua sarda) está constituida por un conjunto de variantes dialectales y es considerada como la lengua mejor conservada de las derivadas del latín. Parte de la población del noroeste habla el alguerés, variante del catalán debido a una repoblación que se hizo en la ciudad por colonos barceloneses. Además, en la isla de San Pietro se habla el carlofortino (o tabarquino), una variación del ligur. En las nuevas generaciones el italiano está sustituyendo a los idiomas locales, que van desapareciendo.

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Zona próxima a Alguero, donde se habla el alguerés

En cuanto al arte, lo más destacado de la isla son las estructuras megalíticas llamadas nuragas, dispersas en gran medida por todo el territorio insular. Su Nuraxi di Barumini es un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El poblado de Tiscali, atribuido por algunos autores a la cultura nurágica, es además un interesante yacimiento arqueológico. También es recomendable visitar la catedral de Alguero, de estilo gótico por la ocupación aragonesa.

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Ciudad de Castelsardo, al noroeste

La gastronomía de Cerdeña se basa principalmente en la carne, frutas y verduras, y en menor medida, en la comida de mar como langosta de roca, gambas, calamares y atún. Se usan hierbas como la menta y el mirto. Gran parte del pan sardo se hace seco, lo que provoca que dure más tiempo que los panes con alto nivel de humedad. Es muy importante la producción del pecorino sardo. Les gusta comerlo con pan y añadirle tomate y albahaca de la zona.

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Risotto

En la isla se sigue el fútbol y son hinchas del Cagliari, equipo habitual de la Serie A que juega en la capital como local en el Sardegna Arena. Fue campeón de Italia en la temporada 1969/70. Además, el Dinamo Sassari (noroeste de la isla) es reciente campeón de la liga italiana de baloncesto. Otro deporte importante que se disputa en Cerdeña es el rally, que forma parte del campeonato del mundo desde 2004. El héroe local es el ciclista Fabio Aru, vencedor de la Vuelta a España 2015 (portó la bandera insular en el podio de Madrid). Un pueblo orgulloso de sus victorias.

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Camiseta del Cagliari Calcio

ENTREVISTA A JORGE LUENGO

Cuando conoces a alguien desde hace más de diecinueve años y le ves disfrutar con lo que hace como cuando compartía sus juguetes en el cole, es inevitable sentir una dulce sensación de orgullo y felicidad. Jorge Luengo sabe lo que quiere… y lo hace bien. El cine, su auténtica pasión, tiene suerte de haber calado hondo en el pequeño niño de los ojos azules. Ahora, todo un chicarrón de melena suelta, es capaz de hacer maravillas con las películas que le han marcado. ¿Su especialidad? El montaje. Sus trabajos han causado furor en las redes, pero Jorge, que a punto está de cumplir los veintidós, mantiene los pies en el suelo. Él vive aventuras desde que Manu y Maite, sus padres, le regalaron su primera cinta de vídeo y ahora desea revivirlas con todos aquellos que, como él, volaron a un mundo maravilloso.

Pregunta. Jorge, ¿cuál es el primer recuerdo que tienes en relación con el cine?

Respuesta. Con tres o cuatro años recuerdo ver películas de Disney como el Rey León  o Toy Story. Me alucinaban. Después, me viene a la cabeza las de Batman de Tim Burton. Recuerdo bajar con mis padres al videoclub y quedarme fascinado al ver las películas en las estanterías. Tengo que decir que a ellos les gustaba el cine, también a mi abuelo. Lo recuerdo con nostalgia.

P. ¿Cuándo decides comenzar a editar las piezas que te llevarán, a posteriori, a tener buena acogida?

R. Al principio las hacía para mi mismo subiéndolas a Vimeo. Tenía pocas visitas, unas cincuenta (ríe). El tributo a Lubezki fue el punto de inflexión porque ese se hizo viral.

P. ¿Qué tenía el vídeo-tributo que comentabas?

R. A parte de ser un fantástico editor de fotografía y de su gran reconocimiento en su país (México), la gente se dio cuenta de que hizo la fotografía de Sleepy Hollow, de Hijos de los Hombres… Las imágenes eran bastante potentes y, por supuesto, por que logró recientemente un Oscar y eso tiene tirón.

P. Tuviste la suerte de recibir un comentario suyo en una red social, ¿no?

R. Sí, cuando lo subí no podía imaginar que lo fuera a ver pero como fue publicado por un blog de referencia, al final le llegó. Me escribió por Instagram: “muchas gracias por el vídeo en Vimeo”. Me sorprendió.

P. Vimeo fue para ti una plataforma importante…

R. Sí. A mí Youtube no me gusta. Vimeo es una plataforma más creativa y artística donde encuentras gente apasionada por el arte.

P. Me has comentado que comenzaste a editar vídeos para ti mismo pero, ¿has recibido algún tipo de clase de montaje?

R. Llevo tres años estudiando en una escuela de cine y este año me especialicé en montaje y edición de vídeo. Lo cierto es que los primeros trabajos de Vimeo los hacía para practicar.

P. ¿Crees que es importante que los alumnos tengan conocimientos previos o cualquiera puede tener éxito trabajando por su cuenta, sin acudir a una escuela?

R. Soy fan del autodidactismo. Tú mismo tienes que ser el que se ponga a ver las películas y tener interés. Ahora mismo puedes hacer cine con una cámara de video. Alucinante. Eso sí, una cosa es saber grabar y otra, editar.

P. Aquí cualquiera puede ser cineasta de cierta manera…

R. De cierta manera, entre comillas. En Youtube, por ejemplo, te encuentras con mucha morralla.

P. Se necesita tener trabajo, aprendizaje…

R. Práctica. No dejar de montar piezas. Y quien quiera ser director, no parar de rodar. Lo de que el cine esta muerto lo llevan diciendo mucho tiempo y eso no es cierto por lo que te comento.

P. ¿Crees que el auge de las nuevas tecnologías están permitiendo que se puedan hacer nuevos trabajos?

R. Sí. Da una libertad antes inimaginable.

P. ¿Tú has visto mucho cine?

R. Me queda mucho por ver pero cuando vas viendo más películas te das cuenta de los planos, las influencias, los sonidos… etc. Cuanto más ven tus ojos, tienes más ideas. La gente que quiera estudiar cine tiene que ver cine. Lo siento si no te gusta el filme soviético o el expresionismo alemán. Hay que ver mucho cine y de todos los géneros salvo el porno (risas).

P. Dime, ¿cuál es tu género favorito?

R. Ahí me pillas, me veo de todo. No tengo ninguna preferencia. No veo las películas por género sino por directores. Seguir su filmografía.

P. ¿Y tus influencias?

R. Como, espero, futuro montador reconocido me gustan mucho Thelma Schoonmaker, Walter Murch, Anne V. Coates, Dede Allen… son la cúspide del montaje. En video-ensayos me fijo en usuarios como el japonés Kogonada o Jacob T. Swinney.

P. Recientemente ha aparecido un perfil que plagia tus trabajos y los sube a Youtube. Estarás cabreado…

R. Es plagio. Cualquiera puede descargar el vídeo, corta mi firma y se lleva el mérito. El otro día vi un corto de mi cosecha en el que me di cuenta que lo hicieron.

P. ¿Con qué vídeos te quedas de los varios que has subido a tu canal?

R. El más especial, quizás, es el de Emmanuel Lubezki. Si me tengo que quedar con uno, sería el de los sonidos.

P. Muchas gracias por atenderme, amigo. Te deseo toda la suerte. Espero verte donde te mereces, en lo más alto. Lo mejor está por llegar.

R. Ha sido un placer.

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Ver “Tribute to Emmanuel Lubezki”

www.vimeo.com/jorgeluengoruiz

www.twitter.com/jorge_luengo

EL “PUNCH” DE LA ENTREVISTA

La entrevista hizo que me adentrara en un ring de boxeo. Y créanme, fue una bonita velada en Las Vegas. Parecía que combatían Pacquiao y Mayweather pero, en esta ocasión, los dos se hacían con el cinturón de campeón. A la izquierda, el periodista tenía la situación controlada. Él lanzaba las preguntas como poderosos derechazos. En la batalla dialéctica era el rey. Sabía que podía hacerse con el combate por los puntos en caso de no lograrlo por la vía del cloroformo. A la derecha, un valiente y aguerrido púgil llamado entrevistado tenía una única meta: llegar hasta el último asalto con vida. Sabía que pocos apostarían por él, pero un boxeador siempre da la cara. “Romper la guardia del entrevistado produce un placer lujurioso comparable con la seducción cuando el entrevistador se rinde a la inteligencia contraria sin condiciones”, dijo el genial profesor J.L Peñalva. El combate estaba más reñido de lo que parecía. Era evidente que los dos iban a ganar.